Quienes vienen leyendo este blog me reconocerán atrevida, irrespetuosa, si se quiere, con los escritores. Es que son de carne y hueso como cualquiera de nosotros, y es cierto que, aunque con aparentes mayores y mejores capacidades para usar las palabras, no estamos obligados a asentir condescendientemente todo lo que afirmen como si fuera un dogma. Por lo que me voy a dedicar en este post a dichos del autor César Aira.
Aclaro que esto está escrito desde el enojo, por lo tanto, espero sinceramente equivocarme en la interpretación de las palabras del mencionado escritor, en una nota de tapa que fuera hecha para la revista ADN Cultura de La Nación del sábado 28 de noviembre del año pasado. Comienza el Sr. Aira diciendo: “En la Argentina he bajado la cortina y nunca hay entrevistas, muy de vez en cuando participo en algún congreso, en un panel, una o dos veces al año. Y no hago ningún tipo de vida pública. Cuando viajo sí, porque a veces es el precio que hay que pagar para que lo lleven a uno a algún lugar lindo por el mundo, y lo hago con gusto.” Entonces deduzco que no es un gusto para él dar notas en su país. El tema es que la globalización no es lo suficientemente abarcativa a veces, hay mucha gente que no se ha subido a ella, algunas de esas personas pueden ser sus lectores argentinos (porque Ud. dice no tener público, sino lectores), que tienen tanto derecho como los extranjeros a leer sus novedades y pensamientos, salvo que Ud. no los crea merecedores de tal beneficio. De hecho, la nota aludida fue realizada en México. Menos mal que para un medio nacional, así sus compatriotas tenemos noticias suyas, Sr. Aira.
Se trata de un texto muy largo, en el que “atiende” a algunos escritores sin nombrarlos, cuenta sobre su gran labor como traductor, sobre sus procesos de escritura y cuando Pablo Duarte, quien lo entrevista, le pregunta sobre sus colegas jóvenes dice: “Sí, los leo. Leo bastante dos primeras páginas. Es raro que siga. Creo que la narrativa en la Argentina por lo menos, ha caído en un realismo un poco chato”. Me pregunto si no sería más acertado decir que al Sr. Aira no le gusta ese tipo de literatura y ya. Mal hace en juzgarla leyendo sólo dos primeras páginas. Y debo informarle que hay muchos colegas suyos que escriben un muy buen realismo y también muy buena literatura fantástica, sólo que quizá haya que leer algunas páginas más para llegar al misterio, y también estar atento a los inéditos, no sólo a los que tienen la suerte de publicar. Además, no es obligación escribir literatura fantástica, como parece ser el gusto del Sr. Aira. Después de todo, que yo sepa, con humildad lo digo, lo que hace literaria a una obra no es su contenido, sino su forma.
Debo estar loca en refutar a un autor consagrado, no me hubiera atrevido sino fuera porque al avanzar en la nota leí que el Sr. Aira dijo: “Creo que la literatura no tiene una función importante en la sociedad. Por otro lado, pienso que la literatura siempre ha sido, es y va a seguir siendo minoritaria, para unos pocos, y que tiene que ser opcional. […] Que lea el que quiera. El que quiera leer va a tener mucha felicidad en su vida, pero si no quiere leer, también puede ser muy feliz. No soy un evangelista de la lectura. Ahora se ha puesto de moda eso, promover la lectura. Hay hasta fundaciones que se dedican a eso. Yo sospecho que todos los que hacen ese trabajo, y cobran muy buenos sueldos por hacerlo, no leen nunca. Los que sí leemos no somos tan proclives a promover la lectura. Quizá porque hemos aprendido que es la actividad más libre que uno puede hacer.” Coincido en que la lectura debe ser opcional, pero, Sr. Aira, nadie puede elegir lo que no conoce. Promover la lectura es llegar con libros adonde los libros no llegan. Ud. no debe conocer esos lugares: escuelas rurales, cárceles, villas, hospitales, entre muchos otros, donde hay gente que no sabe que le gusta leer, porque no tuvo en su vida la ocasión de encontrarse con la lectura. Debe haber personas que ganen mucho con sus fundaciones, pero hay muchas otras que trabajan o hemos trabajado como animadores socio- culturales, con sueldos paupérrimos o inexistentes, lo hacemos porque creemos que la lectura forma a las personas, ayuda a fortalecer su subjetividad y abre el camino hacia una vida mejor. Hay gente que no lee, porque no sabe que le gusta hacerlo. Esa es la función de los promotores de la lectura, los de verdad, que también amamos leer, brindar la oportunidad de conocer lo que no tuvieron la ocasión de hacerlo, hacer popular lo que para Ud. no lo es, y por lo visto, tampoco debería serlo. Qué futuro le espera a nuestros chicos si todos pensamos como Ud. Y a propósito, lo invito a leer en el siguiente link a alguien que sabe argumentar mucho mejor que yo, la increíble Graciela Montes (que quiero creer que no entra entre los escritores de literatura infantil que también cuestiona): http://marisa-contamoscuentos.blogspot.com/2009/03/la-formacion-de-lectores-y-el-llanto.html
También dice que en los pueblos: “Organizan teatro, música, clubes, […] y comentan novelas de Rosa Montero. ¿Por qué no agarran buenos libros?” ¿Y qué serían para César Aira “buenos libros”? Si Ud. mismo dice que leer “es la actividad más libre que uno puede hacer”, ¿por qué a la señora que le gusta Rosa Montero hay que fregarle a Borges por la cara? Ofrezcamos lo que los intelectuales consideran “bueno”, pero no lo impongamos, porque, reitero y disculpen, como Ud. Sr. Aire dice, leer “es la actividad más libre que uno puede hacer”
Por último hago referencia nuevamente a la nota en cuestión, donde dice “Un hombre culto es un hombre que lee libros y no hay otra. Si no lee libros, no es culto, por más que sea ministro de cultura.” O sea que el analfabeto no tiene cultura, según Ud. Su mate no es cultura, su habla, su religiosidad, no son parte de su cultura, de la nuestra. Entonces tampoco son cultos los pueblos originarios que no practicaron la escritura. La oralidad no debe ser cultura, entonces. Quiero creer que interpreté mal al Sr. Aira y que sólo trató de relatar el pensamiento de otros. Por favor, Sr. Aira, cuénteme que me equivoqué al leer sus palabras, que mi exceso de libertad se equivocó con el escritor consagrado.
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1 comentarios:
Impecable... una forma elevada de bajar de un hondazo a quien siempre vuela a ras del suelo creyéndose cóndor.
Santiago.
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