miércoles 19 de octubre de 2011

Sublevados

Esa puerta que en los tres años que llevaban yendo a la escuela siempre estuvo cerrada, de pronto la descubrieron abierta con un cartelito que decía: "Horario turno tarde de 13.30 a 17.30 hs." Así que se asomaron a ver qué había. Encontraron libros, una cantidad que nunca habían visto y una chica que se sacó los anteojos para miralos y les dijo: "¿Quieren pasar?" Juan María, el más cara dura le preguntó: "¿Vos quién sos, Seño?". No pudo evitar contestarle entre risas: "La bibliotecaria. Pueden elegir el libro que quieran y mirarlo", los animó. Pero decidieron sin democracia alguna que sería mejor que les leyera ella, así que la rodearon y la fiesta comenzó.
Nadie escuchó el timbre, así que al rato aparecieron dos más a buscarlos para la clase de Educación física y se fueron protestando. A los pocos minutos volvieron diciendo que la profesora los dejaba quedarse y siguió la fiesta.
Cuando estaba por terminar el cuento, alguien abrió la puerta violentamente. Una mujer de pelo larguísimo, enardecida, vestida con ropa deportiva les gritó: "¡QUÉ HACEN ACÁ!" La bibliotecaria apenas pudo balbucear: "me dijeron que les diste permiso para quedarse a leer". "¡ENCIMA MIENTEN! ¡VAYAN YA MISMO AL PATIO, GRANDULONES!" En ese momento ella supo que esa puerta abierta comenzaba a causar efecto.
Volvieron en el siguiente recreo. La chica les reprochó simulando enojo: "Me metieron en un lío", y la fiesta siguió, y al día siguiente, y al otro. El problema fue que nunca escuchaban el timbre, ninguno de ellos, entonces la maestra, que cada vez que no llegaban al aula sabía adonde buscarlos determinó: PROHIBIDA LA BIBLIOTECA.
Llegó el último día de clases y no habían podido volver, pese a sus esperanzas. Así que tomó una pila de historietas, firmó cada una con su nombre y fue ella misma hasta el aula. Pidió permiso a la maestra ofendida para despedirse y le regaló a cada uno de los pibes una historieta con una dedicatoria y un beso. Ya no trabajaría más allí.
Dos años después aparecieron en la Biblioteca Popular a hacer las tareas. Ella los reconoció y le preguntó a Juan María: "¿Te acordás de mi?" Y él dijo: "Sí, sos la bibliotecaria de la escuela". Y la fiesta volvió a comenzar.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

qué lindo...
esa magia de las bibliotecas, podés tener cientos de libros en casa, pero la biblioteca es otra cosa, y no digamos si no tenés cientos, ni docenas, y si practicaste lectura con el envoltorio de los huevos...
Gracias
Etel, una argentina desde Costa Rica